Nixon y la estética



Fran Fernández de La Costa Brava y Australian Blonde (Francisco Nixon, en solitario) explica en su blog que el otro día dijeron de él que “es capaz de hacerle una canción a un florero”. Reflexionando sobre ello ha dejado un post que podría firmar yo mismo para explicaros qué intento conseguir en mi modo de dibujar cómics (aunque no digo que lo consiga). Dice así:
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“Yo no soy un escritor costumbrista, ni narrativo. No soy un poeta urbano ni hago canción protesta. Soy un poeta lírico de toda la vida. La poesía, entre otras cosas, es (o puede ser) un juego de palabras, como un chiste o una adivinanza, en el que se dice una cosa pero nombrando otra, lo cual produce asombro, risa, placer, sorpresa, etc.

Por eso, si, por ejemplo, un señor hace una película que se llama Juana la Loca y saca a la protagonista, una señora que se llama Juana, diciendo a grito pelado: ‘¡Estoy loca, loca de amor!’, pues yo en mi butaca me digo: ‘¡Coño, que ya lo sé, que lo pone en el título!’. Compárese con el final de Un tranvía llamado deseo cuando la protagonista cierra la obra con la frase ‘siempre he dependido de la bondad de los desconocidos’ mientras se la llevan los loqueros.

Si escribes una adivinanza sobre un plátano, la única palabra que no puede aparecer es plátano. Así, las mujeres son rosas, los dientes perlas, el sueño la muerte, la justicia una doncella ciega, etc. Este recurso ha sido agotado hasta la saciedad, y hay que ser muy bueno para establecer metáforas nuevas que no estén gastadas o no sean arbitrarias (‘el judío relativo llueve sobre los bonos del estado’). En cualquier caso es algo que está totalmente fuera de mi alcance.

Yo prefiero utilizar otro recurso que es el que utilizamos todos los días: hablar con rodeos. Lanzar indirectas, decir lo contrario de lo que se piensa, iniciar una discusión por una tontería para acabar hablando de lo que realmente nos preocupa, etc. Por ejemplo: Una bronca de tu jefe empieza con un ‘¿vamos a tomar un café?’. Un acercamiento romántico no suele empezar con un ‘me gustas tanto que me meo encima!’, sino con un ‘hola ¿cómo te llamas?’. Repito, es algo que hacemos constantemente y por eso no pensamos que estemos siendo retóricos. Todos somos poetas cotidianos, y lo que yo intento es captar algo de eso, en un lenguaje lo más sencillo posible”.

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La portada (fictícia) es mía. Cosas que hago para La Fonográfica General

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