Sfar, la acuarela y las herramientas de dibujo



“¿Qué voy a hacer con una caja de acuarelas en 2005?

Hay que convenir que la acuarela conviene a nuestra época: los usuarios de la imagen empiezan a darse cuenta de que todas las fotos de vacaciones son parecidas. Los cineastas ya nos decepcionan un poco. Nos hemos dado cuenta de que sus maneras ‘únicas’ de hacer un encuadre o de montar una película no están inspirados por la mano del artista. (…) Se les pone una herramienta en las manos, pero si la herramienta es más inteligente que ellos, acaban obedeciendo a la herramienta.

(…) Por esta razón, trato de evitar quedar deslumbrado por la complejidad de las herramientas necesarias para la realización de mi proyecto artístico. Cuando ‘hago de artista’, exijo tener en las manos herramientas simples, primitivas, herramientas infinitamente más estúpidas que yo.

No, la acuarela no es inteligente y esa es la razón de que me guste.

En lo que se refiere a los programas informáticos, además de ser intelectualmente superiores a la mayoría de los creadores, se revelan lamentablemente obedientes. (…) La impresión de poder que confieren a quien los utiliza enmascara una irremediable esterilidad. Entrar en el reino digital es apartarse para siempre del mundo elemental, que es donde ocurren constantemente cataclismos imprevistos.

¡La acuarela es todo lo contrario! Es una fiera salvaje, una fuente de accidentes constantes entre la idea de la que se ha partido y las reticencias de la materia a doblegarse a nuestro proyecto.”

Extracto de ‘Notas acerca de la acuerla’ de Joann Sfar, incluído en ‘Klezmer’ #2, .

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