Cuentos de hadas: Los hermanos Grimm, sangre, niños y Walt Disney

“Al recopilar los cuentos ‘del pueblo’, los hermanos Grimm tenían nobles intenciones, pero también conocían el mercado al que se dirigían, compuesto por clases medias, y sabían qué era lo que podía ser considerado ofensivo. Por consiguiente expurgaron y censuraron sistemáticamente sus cuentos.

De este modo, se modifica una versión en la que la Bella Durmiente se despierta de su letargo y tiene una relación sexual con el Príncipe Encantador. Las madres crueles y propensas a los malos tratos se convierten en madrastras crueles y maltratadoras. En la versión de Perrault, ‘Caperucita Roja‘ termina con la trágica muerte de la niña y su abuelita -para inculcar la idea de que no hay que fiarse nunca de extraños-, pero en la de los hermanos Grimm hay un final feliz. Una versión anterior resulta bastante sangrienta: el lobo, tras matar a la abuelita, pone su carne en una fuente y su sangre en una botella.

Unas cuantas pruebas anecdóticas sugieren que los pasajes favoritos de los niños son siempre los más sangrientos. (…) Si los cuentos de hadas se convirtieron en un género literario que se juzgó adecuado para los niños fue porque habían sido adaptados para que se ajustasen a lo que los padres consideraban apropiado para sus hijos.

(…) Los relatos que alcanzaron un éxito mundial fueron posteriormente convertidos en películas por Walt Disney. Las versiones de Disney, que trataban a la monarquía con una suave falta de respeto, ensalzaban por otra parte la iniciativa individual del héroe o la heroína. Al ‘americanizar’ de este modo el cuento de hadas, la Compañía Disney no traicionaba a Perrault o a los hermanos Grimm, estaba siguiendo sus pasos, atendiendo las expectativas de su mercado para adaptar un relato permanentemente adaptado y carente de versión fija

Donald Sassoon. ‘Cultura: el patrimonio común de los europeos’.

La imagen es una litografía de Gustave Doré para ‘Barba Azul’.

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