Sobre ‘Contra la Cultura’. Manifiesto de La Fanzinoteca Ambulant

Foto: Fanzinoteca Ambulant

Editar fanzines puede ser una tarea solitaria, del mismo modo que dibujar cómics, escribir o construir maquetas con mondadientes. Es por eso que a menudo echo de menos una línea de sentido, una narrativa, algo que enmarque mis publicaciones en una red de puntos más o menos conexos que forme algo llamado ‘el panorama de la autoedición’.

Por eso el manifiesto ‘Contra la Cultura’ que publicó anteayer La Fanzinoteca Ambulant es de esos textos necesarios para cargar las pilas. Envalentona porque:

  • Es abiertamente político: “Quieren hacernos creer que el conocimiento no da de comer si no genera plusvalía, si no produce capital sujeto a acumulación” 
  • Respira amor puro por el medio: “Producir con lo que se tiene, trascender lo justo”. 
  • Es crítico (¿autocrítico?) con los que en nombre de la Cultura quieren “preservar un sistema perverso de subvenciones, privilegios, amiguismo, autoridad”.

A lo largo de los años, otros textos me han dado una sensación parecida: El editorial del primer número de La Escuela Moderna, por ejemplo, del que extraje la idea del fanzine como artefacto no asimilable por el mercado capitalista, la autoedición como acto revolucionario en sí. O con textos como los que escribe de manera periódica Martín López Lam, con fanzines como ‘Carcelona’ de Zosen o con todo lo que implica la organización del Tenderete, el festival de autoedición gráfica y sonora de Valencia.

Sin embargo, no sé si todos los editores de fanzines se emocionarán con el manifiesto. Muchas personas se animan a editar fanzines porque ven en ellos un medio publicitario, un escaparate, un catálogo comercial. Es igual de lícito que abrir un blog, supongo. Como leí una vez a Ian MacKaye, “todo el mundo es bienvenido al mundo del DIY“. 

Amo los cómics y el dibujo, pero podría editar fanzines sobre Internet, arte, sociología; historia, política, religión, mujeres o vino. Podría editar fanzines sobre prácticamente cualquier tema que me interese y en todos los casos sería feliz. Podría editar fanzines por el solo hecho de producir cultura y convertirla en algo tangible.

Autoeditarse es en un acto maravilloso, un compromiso con las propias ideas y una toma de decisión respecto a lo que se nos ha dicho que podemos y debemos hacer y pensar. Usarlo como atajo momentáneo para entrar en el mercado es válido, pero a mi modo de ver, pobre en espíritu. Autoeditémonos por el placer de hacerlo, sin pensar en qué se compra y qué se vende. No queramos ser una alternativa a algo con lo que no dejamos de compararnos. Esto va de personas comunicándose directamente con otras personas sin necesidad de intermediarios. De nada más.

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